Correbous de ayer, de hoy y de siempre

El otro día leí que Arturo Vidal tenía una cuadra de caballos y que Antoine Griezman acababa de abrir otra. Me llamó la atención que los dos se dedicaran a la cría de caballos. Pero sobre todo me llamó la atención que saliera al Sport con toda la presión que hace el animalismo sobre los medios de comunicación. Seguramente se les ha escapado para ser un diario deportivo o bien es que los futbolistas todavía son los dioses de nuestros tiempos y el fútbol todavía está por encima del bien y del mal.

Me he criado en una ganadería de bravo de las de toda la vida, la de los Hermanos Margalef de Amposta. De pronto, mi yayo me llevaba a dar azúcares a un toro que teníamos cerrado, el Estrellito. Con mi padre, en los veranos, íbamos todas las tardes a contar los terneros que cruzaban por el camino del carril bici de la Encañizada a la puesta de sol.

El toro bravo es un buen gestor de biodiversidad en los Parques Naturales del Delta y de los Puertos. Enriqueciendo y regulando el ecosistema que habita al tiempo que los hombres lo empobrecemos y lo estropeamos. No me entra en la cabeza como quieren acabar en la forma de vida de esta raza en Terres de l’Ebre. Cómo intentan hacernos sentir mal para defender los usos y costumbres de la gente del Delta.

No entiendo cómo se habla de maltrato animal cuando se habla de toros en Cataluña. No lo entiendo porque nuestros vecinos de Francia, Aragón y Valencia tienen en total 36.000 cabezas de toro de lidia y realizan 20.000 espectáculos.

En Terres de l’Ebre Reserva de la Biosfera el toro de Lidia tiene una población estable de mil doscientos cabezas gracias a los espectáculos no cruentos. Creo que no debería haber demasiado debate en un país, Cataluña, donde sobreviven trescientos cabezas mal contadas de vaca de la raza de L’Hostoles y cuarenta vacas de la raza pallaresa, un país donde hemos pasado en cincuenta años de doscientos rebaños de cabra blanca de Solivella a cinco a día de hoy.

Para mí hablar de toros es hablar de libertad, es hablar de ecología, de economía en zonas rurales, es hablar de identidad. La gente del toro somos gente con coraje, joya en el corazón y amor por el territorio que queremos poder educar a nuestros hijos en los valores humanistas que el mundo del toro representa. Queremos que las vacas bravas sigan siendo patrimonio del Delta.

Paco Palmer Margalef

Ganadero de bravo

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